la imaginación desbordada
o el poder viajar como cuando lees un libro

Hoy es San Jorge, Sant Jordi en Cataluña, día del libro. Me pilla atrapado entre las páginas de uno de Paul Aster, mismo autor del fragmento que he dejado en la ilustración de ahí arriba, la cual emplea imágenes realizadas para el trabajo que la SGAE me encargó como ilustrador (antes de que te tires al "cannon cuello", mírate este encargo y quédate con él en el caso que nos ocupa ahora mismo).
Ese fragmento pertenece al libro "Viajes por el Scriptorium", que comencé a leer cuando fui en marzo del año pasado como tribunal de la tesis doctoral del ya doctor Jordi Magranef, en la Universitat Ramon Llull de Barcelona. Lo adquirí tras la lectura, cuando paseaba con Carmen Gómenz Juste (mi jefa en TVE hace años, de la que aprendí muchísimo y de la que ahora presumo de amistad de la buena).
El que ahora tengo entre manos, también de Paul Aster, es "Brooklyn Follies", aconsejado por Margarita.
Entre la lectura de éstos, aunque llevo el tiempo ajustado, he podido viajar con otros. Entre ellos recuerdo ahora "Persépolis", de Marjane Satrapi, regalo de Ana Caralt durante otro de mis viajes a Barcelona, y "Todo bajo el cielo", de Matilde Asensi.
Entre unos y otros, pues hubo muchos más (de los cuales más de una vez regalé el mismo ejemplar que había leído tras haberlo hecho), la imaginación siempre quedaba desbordada. Al flujo constante de ideas, de "creatividades" que no paran de salirme de allá donde se generen, se sumaba las que cada autor había puesto en su libro.
Aprendo de cada letra, de cada viaje imaginado desde la lectura.
Tengo la inmensa suerte de haber nacido en el seno de una familia lectora. Verles, desde pequeño, disfrutar con cada libro leído me acostumbró a hacer algo que hoy también comparto contigo.
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imagen hospedada en Flickr.com/FernandezCoca








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