disfrute, que estás en la tierra
A veces hace falta que venga una amiga de fuera, así como de sorpresa, para desconectar realmente de todo y con la excusa de ver la isla aprovechar para recorrerlo todo, de nuevo y tras un tiempo, bajo una nueva mirada.Ha sido un año, lo que hasta ahora llevamos de él, donde no he parado. Entre las clases que imparto en la Universidad de las Islas Baleares, como profesor titular; los cursos del Fondo Social Europeo, el de ‘Comunicación para la venta de ideas y productos’ y el de ‘Asesoría web’; los trabajos de ilustración, cada vez mejores, más grandes, más creativos, y con mayor proyección; la vida propia, cada vez más privada y vivida.... Entre unas cosas y otras, ya te digo, no he parado.
Por eso, el que ayer Ana sugiriera no tomar la autopista sino perdernos por las carreteras de montaña que cruzan la Tramuntana de Mallorca en su lado sur, no resultó ser un meternos en mil curvas sino disfrutar del corazón de la montaña y del pulmón que resultó ser la cala perdida en la que terminamos justo a su falda.
Fueron horas de complicidad dialogada a las que, en mi procesador interno, sumé otras tantas que también en los últimos meses se habían estado viviendo junto a otros amigos y amigas. Todas ellas forman parte de esas piezas que, unidas, entendidas y coordinadas, te ayudan a madurar un poco más.
Terminamos el día en una verbena de pueblo. Ana se quedaba en casa de Aurea (qué nombre más bonito), en Es Capdellà, junto a Calvià.
Allí nos integramos en el fiestorro popular que las ‘Dones Solidaries’ (Señoras Solidarias) del lugar habían organizado a base de ‘Pa amb oli’, gató (tarta) de almendras y helado de lo mismo. Todo terminó con un bingo que ganó la mujer, de pelo platino y raíces teñidas con el mismo color de sus negras cejas, con la que compartíamos mesa. Se ve que a ella, de pequeña, si la pasaron entre las ramas abiertas de un árbol y que por ello ya era el cuarto bingo que ganaba este verano según nos relató un señor que por allí pasaba y del que se adivinaba que mandaba en la calle y nada dentro de su propia casa.Mañana, cuando me levante, me tocará volver al mundo real y terminar de completar un presupuesto que me pidieron ayer mismo. El martes me voy a Turquía y he de dejar esto, así como dos contratos, en orden. En ese país voy a continuar haciendo lo de ayer, y hoy mismo cuando Ana y yo disfrutemos del mar de otra zona de la isla, ya sin montaña y sí con mucho plano. Allí, como aquí cuando vuelva y ahí, contigo cuando te vea, voy a seguir haciendo lo mismo: conectar con todo lo bueno.
Por cierto, ¿Te vienes un rato a la playa con nosotros?
pd. las imágenes de este post pertenecen al libro "Guía inútil de Catalunya" que ilustré para RBA en el primer o segundo año de este siglo y que se hizo entero en blanco y negro, alejado del color que inunda el resto de mis ilustraciones ;-).
pd. con mi amiga también he hablado sobre Turquía. Ella estuvo allí no hace mucho. Cada vez tengo más ganas de ir y empaparme de todo lo bueno que veré.
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