Querida Lola Sánchez que estás en los cielos
En la educación que he recibido hubo mujeres y hombres concretos que marcaron una forma de ser. Entre ellos, partiendo de mi propia madre cuando ejerció de segunda maestra gracias a su vocación y profesión docente, estuvo Lola.
Lola Sánchez Díaz fue una mujer con brío, fuerza y garra, que directamente me entró en primero de facultad y que continuó haciéndolo en segundo. Su docencia, su forma de hacerme ver que la pintura iba más allá de un óleo o acrílico, materiales con los que pintábamos en los primeros años de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, me hizo comenzar a ver que en este campo podría hacer lo que en otros: observar, meterme dentro, comparar, buscar, encontrar resultados que expresaran lo que soy en el momento justo en el que desarrollo una pieza.
Hoy he sabido, de repente, como eran sus apariciones por detrás del lienzo, solo avisadas por su taconeo y visión del gran bolso que portaba, que Lola ha muerto. Mi propia madre me ha dado la noticia.
Al principio no he sabido de qué me hablaba. Quizás no quisiera saberlo. Lola Sánchez Díaz marcó mucho en mi formación tanto como autor como en aspectos personales. Me enseñó a ver mucho que sí veía pero me negaba a ver.
Lola muere justo en unos momentos de mi vida en los que vuelvo a plantearme eso mismo: decidir ver donde sé que veo y que me he negado a ver.
Lola Sánchez, que estás en los cielos, gracias, mil gracias.
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