ponga un santo en su vida, segunda parte
Este post lo tenía que haber publicado ayer, cuando era realmente el día del que hablo. He llegado tarde a casa y se publica hoy. Justo acaban de dar las doce de la noche.
Segundo día de las pruebas de acceso a la universidad, mientras estoy en el tribunal me vienen a la memoria otros aspectos del uso (debido o indebido, en eso no me meto) de nuestro santoral.Recuerdo el caso de un chico que antes de entrar a la prueba se frotaba contra la frente una estampa. Al terminar el examen hizo lo mismo. Durante la prueba no la tuvo delante (me fijé, por eso de controlar que los santos sí ayuden… pero no a copiar, ni a guardar posibles chuletas).
Más tarde, entre prueba y prueba, me lo encontré en los pasillos. Tenía la estampa en las manos. Como soy así de asertivo, me acerqué y le pregunté.
Me relató que se trataba de san no sé qué (ahora no recuerdo el complicadísimo nombre que me dijo), que era un santo al que la gente le pedía muy pocos favores y que por eso lo hacía él.
Me razonó que al ser un santo tan poco ocupado era el ideal para pedirle cosas. Me contó que con los otros, los que sabía que llevaban sus compañeros, no había nada que hacer, que todos estaban tan liados que seguramente pasarían de sus peticiones.
Ahora intento recordar de qué santo se trataba. Me acabo de comprar un microondas que imaginé simple y que, con tantos botones y lucecitas, me está quitando las ganas hasta de calentar una simple taza de agua. Necesito un santo que esté poco ocupado y que me meta, por ciencia infusa, en la cabeza esas complicadísimas indicaciones que puedo leer en la autollamada “guía fácil para el usuario de este microondas”.
¿Sugerencias?








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